Curiosidades de nuestro lenguaje (nueva transcripción de monólogo) - Comedia con Carne y Queso

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sábado, 16 de abril de 2011

Curiosidades de nuestro lenguaje (nueva transcripción de monólogo)

Se dice que el idioma español es uno de los más complejos y ricos de todo el mundo: miro la forma como se usa este lenguaje en nuestro país y digo: “pucha que la cagamos!!!”,... porque le agregamos tantas cosas al idioma, y cosas que sólo entendemos nosotros (los que nacimos en esta larga y delgada faja de tierra), y también hacemos que las palabras o frases adquieran un nuevo sentido (distinto al que tendría en otras latitudes de habla hispana).

En una ocasión anterior, hice mención sobre lo injusto que es el idioma con los géneros. Acá una palabra en masculino no siempre es lo mismo que en femenino: si un hombre le dice a otro “mi perro”, es porque lo considera su mejor amigo, mientras que si una mujer le dice a otra el equivalente femenino de dicha frase,... no necesariamente hay una amistad de por medio!!! (más bien diría que se da lo contrario...). Otro ejemplo muy ilustrativo y que también usa a animales en la retórica chilensis, es la palabra “zorro”: si un hombre oye (aunque sólo sean rumores) que alguien lo apoda como “viejo zorro”, éste piensa para sus adentras: “mmm... Están reconociendo mi astucia!!!”; pero si esto ocurre con una mujer, a quien se le llama con el equivalente femenino de la frase antes dicha, ésta reacciona furibunda y piensa: “mmm... parece que me confundieron con alguien de San Camilo o el barrio El Golf” (…)

Otra gran particularidad del lenguaje es la aplicación de dichos, frases que tienen un significado que va más allá de lo literal. Y en Chilito los ejemplos sobran!!! Uno de ellos es el que se da cuando uno camina por la calle, y sin querer pisa algo cafecito, calentito, con un olor de muy dudosa reputación y que impresiona haber salido de la retaguardia de un perro. Lo primero que se piensa en hacer (incluso antes de convidarle papel confort para limpiarse)... es decirle al distraído: “waaaa... te casaste con la reina!!!” Pregunto: ¿de dónde cresta salió esa frase? ¿Cuándo una boda real ha tenido como protagonista a un mojón de perro? Si la frase fuera sacada de la realidad, una boda real sería algo así: -Guillermo Enrique, ¿acepta Ud. a la reina Isabel III como esposa hasta que la muerte los separe?. -Eeehh.. sí!!! acepto!!!. -Ya! Entonces da un paso adelante y pisa la caca de perro!!! (…) O también, cuando uno se cae al suelo (generalmente de decúbito ventral con la inclinación suficiente para caerse de hocico), lo primero que se hace allí (e incluso antes de levantar al pobre caído o ver si es que no ha quedado con graves secuelas) es decir: “uuuuu.. compraste terreno cabrito!!!” Mmm... yo en lo personal pagaría por ver cómo se veía Piñera inmediatamente después de tener su parque Tantauco, o a Douglas Tompkins todo moreteado diciendo: "luego de 185000 caídas ya tengo listo mi parque Pumalín (...)

Quizá una de las instancias donde sale a aflorar la retórica típica nuestra... es cuando se quiere lograr que el cabro chico regodión de mierdis se coma toda la comida. Y a mi se me viene a la mente el caso de las verduras, especialmente las verdes. ¿Quién no ha tenido una abuela que le ha dicho en algún momento de su infancia: “ya pue mijito, cómase toda la verdurita para que se le pongan los ojitos verdes”? Señores, señoras... he conocido gente que ha hecho demasiado caso a esa frase. Gente que nunca entendió lo de la genética. Gente que para llegar a cambiar el color de los ojos ha comido lechugas verdes, acelgas verdes, porotos verdes, manzanas verdes, ciruelas verdes, y hasta viejos verdes (bueno,... hubo una que intentó con lo último pero sólo pudo por un rato cambiar el color de los ojos de café a blanco, pero eso ya escapa del objetivo de mi humilde monólogo). ¿Se imaginan, estimados lectores, que esa frase que decían las abuelas fuera verdad y que la genética no tuviera nada que ver? Yo en lo personal ya me imagino a Mendel,... decepcionado... llegando a donde estaban sus plantas de arvejas... y con ganas de almorzar. Se la pasaría un buen rato decidiendo: “mmm... ¿ojitos verdes... u ojitos amarillos? ¿ojitos verdes... u ojitos amarillos? ¿cuáles me combinan mejor?” (…)

Otro dicho que amerita su buen análisis... es aquel que se usa cuando acertamos en algo (una situación, rumor, cuchicheo, en fin... lo que sea!!!): esa bendia frase de: “¿qué comes que adivinas?”. Bueno, si uno se pone a analizar el peso de dicha frase... da para un amplio espectro comestible!!!... que va desde comerse a Karem Rodovalho, hasta comerse a Yolanda Sultana (sin mencionar puntos intermedios como Nena Borrero, Paula González o incluso Pedro Engel, según algunos me han contado...)

Otra cosa que forma parte de este análisis es... la denominación errónea que tienen ciertos elementos de nuestro quehacer cotidiano. Uno de ellos es... la guantera. Sí. Esa parte del interior del auto en donde se puede encontrar de todo,... menos guantes!!! (y con eso me refiero a documentos, lentes, cigarros, bebidas, cervezas y hasta anticonceptivos y condones!!!) Yo a veces tengo la idea de que la guantera sigue teniendo ese nombre porque trata de esconder lo que realmente lleva: ¿o ustedes creen que cuando hagan parar a la Geisha en su auto y el carabinero de turno le diga: “sus documentos, por favor”, ésta va a responder: “ya mi cabo!! déjeme sacarlos de la condonera”? (dejo la respuesta a esa pregunta abierta al criterio de los lectores...)

Y para terminar con los dichos, otros ejemplos que me causan risa son los que se usan para referirse al acto sexual: uno de los más utilizados es “matar la gallina” (eeehh... ni me quiero imaginar a los faenadores de Agrosuper con los ojos blancos luego de un día de trabajo!!!, onda que llegan a la casa y la esposa de uno le dice: “¿como te fue, mi amor?”, y éste le responda [con cara de calentón satisfecho, cosa obvia]: “increíble.... increíble!!!... ¿tenís un puchito por ahí?”),... y si no es ése, está otro, más cuático aún: “remojar el cochayuyo”. Respecto de esto último,... digo... ¿cuál es el placer que puede dar hacer algo tan rutinario como remojar un producto sacado del mar como un cochayuyo? Es como si uno anduviera por la playa,... y mira... y dice: “uuuuh... un cochayuyooo!!! y está entero seco!!! esta es la mía papá... aquí me lleno de placer (y ahí agarra el cochayuyo y se lo lleva a algún lugar con llave de agua, y comienza a poner cara de caliente satisfecho mientras lo lava... cuac!!!)

Bueno chicos,... los dejo tranquilos, mientras me voy a descansar en un lindo sillón que me regaló un tal Felipe Kast... muchas gracias!!! (y no se molesten!!!)

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